Percepción y vino

"If you can't understand it without an explanation,
you can't understand it with an explanation"
Haruki Murakami

La percepción de nuestro gusto siempre es sinestésica, es decir, combina una multitud de sensaciones. No nada más los sabores, la temperatura, la consistencia, la pungencia y la astringencia, sino también los olores y los colores tanto de los alimentos como del entorno mismo donde comemos y bebemos.

Las personas que nos acompañan, la música o sonidos del lugar. Las emociones internas que tenemos en esos momentos. El clima. Todo influye en nuestra percepción de aquello que degustamos y conforma una experiencia instantánea de vida que nos hace vibrar y emocionarnos.

“Lo bueno, mejora cuando se comparte” y vincula nuestra experiencia a la de otros.

Nuestra conciencia de esta simultaneidad de sensaciones es la que nos deja una huella emotiva sobre la experiencia vivida.

Resulta clave, en nuestro cotidiano ritual de comer, apreciar los alimentos y compartirlos con personas afines. “Lo bueno, mejora cuando se comparte” y vincula nuestra experiencia a la de otros.

El brindis tiene origen
como muestra de confianza
Celebramos este rito de compartir con el “brindis”, que en la antigüedad se llevaba a cabo chocando tarros de madera para que sus contenidos se mezclaran y sellar así un pacto de confianza mutua entre el anfitrión y el comensal.

Nuestra experiencia sensorial se torna excelsa y refinada cuando logramos el equilibrio entre los componentes. En sus características de ser esquivo e instantáneo estriba lo valioso de la experiencia, pues se vuelve irrepetible y única.

Armonización  gastronómica con vino

Cuando nos referimos al vino buscamos la “armonización gastronómica” y en general de todo el entorno que envuelve a la experiencia sensorial. Así escogemos la compañía, la música, y sobre todo los detalles, pues en ellos está lo sublime.

Con frecuencia recibimos asesoría de un sommelier quien nos describe el vino con términos como ‘equilibrado’, ‘elegante’, o ‘complejo’ que bien pudieran aplicarse a una sinfonía, a un poema o una pintura, pues todos ellos nos provocan una multitud de emociones al percibirlos.

Estas emociones se captan en un golpe de intuición, no es necesario entenderlas. Intentar hacerlo puede provocar que se pierda la magia intangible de vivir.

Juan Carlos Chávez
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