Adobe Guadalupe, una bodega con ángel

En el corazón del Valle de Guadalupe, en las cercanías de la plaza del Ejido el Porvenir, un mar de frondosas vides protegen celosamente los racimos de Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Malbec, Cinsault y Mourvedre entre otras variedades, de los intensos rayos del sol de Baja California. Cuando se visita la vitivinícola, una cuadra de dinámicos caballos metálicos encabezados por un equino alado indica que has llegado a tu destino. La magnífica hacienda diseñada por el arquitecto iraní Nassir Haghighat, te recibe con su amplio patio adornado con una alegre fuente que evoca, inmediatamente, el deseo para refrescarse del cálido viento que sopla en el valle. Bajando una ligera pendiente hacia la sala de cata y barricas, la amplitud del valle se extiende hasta el horizonte, delineado por la sierra en la lejanía. Reconfortante e inspirador es el recibimiento de Adobe Guadalupe, bodega de vino mexicano resultado del trabajo y la pasión de Donald y Tru Miller -él estadounidense, ella holandesa-  matrimonio que miró en el paisaje mexicano el terreno fértil para sus sueños.

Donald y Tru Miller, propietarios de la bodega Adobe Guadalupe

Quizá ninguna otra bodega en el Valle de Guadalupe tenga una historia tan especial, en dónde cada añada de sus vinos, es una expresión de vida y de esperanza. Tru y Donald, se conocieron en un exclusivo club en Orange County. Nos platica Tru con una enorme sonrisa: “en aquellos días era propietaria de una escuela de idiomas en California con ochenta y cinco empleados. Y deseaba ingresar a un club en dónde Don, era presidente. Estábamos en un almuerzo para evaluar a los nuevos miembros para el club. Mientras le platicaba que era holandesa y todo sobre mi escuela, se acercó su secretaria y le recordó que al día siguiente tendría una reunión con el embajador de Holanda en Beverly Hills. En ese momento Don volteó, me miró, y me preguntó ¿has dicho que eres holandesa?” comenta Tru despertando una gran risa en la sala en dónde tuvimos el privilegio de charlar.

Don Miller, banquero de profesión siempre había deseado un viñedo para el momento de retirarse. En un principio pensó en Napa o Sonoma para comprar una bodega y sus viñedos. Comenta Tru, “uno de los hijos, Arlo dijo que se uniría a él en ese proyecto”. Pero trágicamente Arlo falleció en un accidente automovilístico. “En ese momento no pensamos en uvas ni vino por algunos años” afirma la Sra. Miller en remembranza de aquella dura época.

“Cuando ya se tenía la hacienda y estaba por salir la primera añada, había que pensar en nombres. Arlo era muy extrovertido y tenía muchos amigos, y pensé ¿qué mejores amigos podría tener que los arcángeles?,  ahora ellos son sus amigos”

“Este muchacho estaba fascinado por México, hablaba español y viajaba a México con frecuencia. Era muy extrovertido y tenía muchos amigos mexicanos” recuerda Tru, “tenía incluso una Virgen de Guadalupe en su Honda. Años después de su fallecimiento, cuando escuchamos que en el Valle de Guadalupe en México se producían uvas y vino, de repente estábamos interesados nuevamente en un viñedo. Venimos y nos quedamos”.

Para 1997 se compraron unas treinta hectáreas aproximadamente, “empezamos la construcción de la hacienda y no había viñedos, sólo una torre de agua”. Hoy día, en el centro de los viñedos de Adobe Guadalupe la torre permanece, adornada con dos alas como representación de un arcángel, signo característico de la bodega y sus vinos, de los cuales cada uno de ellos llevan  por nombre de etiqueta algún arcángel, Gabriel, Kerubiel, Miguel, Rafael, Serafiel y Uriel. Aunque existe otro vino denominado Jardín Secreto. “Cuando ya se tenía la hacienda y estaba por salir la primera añada, había que pensar en nombres. Arlo era muy extrovertido y tenía muchos amigos, y pensé ¿qué mejores amigos podría tener que los arcángeles?,  ahora ellos son sus amigos” comenta la Sra. Miller.

Vinos de Adobe Guadalupe para cata

La primera cosecha se realizó en el año dos mil, con la asesoría del Ing. Agrónomo José Fernández a cargo de la viticultura y de Hugo D’Acosta como responsable de la enología. Sin embargo, actualmente el enólogo de la empresa es el chileno, Daniel Lonnberg quien se estableció en México desde hace muchos años y quién trabajó de cerca con Hugo D’Acosta en varios proyectos, principalmente para la bodega Paralelo. “Daniel siempre trabajaba con Hugo, ¡pero Hugo tiene muchos proyectos!, así que Daniel se quedó como el enólogo de la casa que ya conocía bastante bien desde hace cuatro años” explica la Sra. Miller. “Estamos muy bien con Daniel, es la nueva generación de enólogos. Cierto es, que D’Acosta y otros empezaron, pero ahora está surgiendo una nueva generación de enólogos, es muy activo. Tengo que acostumbrarme un poco” explica con una amplia sonrisa con respecto a las tareas cotidianas en la bodega.

“Yo pienso que el buen vino nace del viñedo. Por eso el Ing. Fernández es nuestra arma secreta” explica Tru, “he aprendido mucho de él. Todos los días del año, José visita los viñedos, a veces diez minutos, en ocasiones el día entero, pero todos los días está ahí. Es muy importante su trabajo para la calidad de las uvas” amplía la Sra. Miller, “gracias a eso tenemos consistencia. Nosotros no compramos uvas, al contrario, vendemos a otros productores. Mucha gente compra uva y no sabes si la calidad va a seguir, además comprar uva cada vez es más caro y tienes que cambiar de proveedor. Estoy muy feliz  con el Ing. Fernández y Daniel, pienso que vamos a tener un futuro muy bueno”.

Sobre la evolución de la vitivinicultura mexicana, Tru comparte su opinión, “han cambiado mucho los valles desde los años noventa hasta este año. Cuando empezamos había como nueve vinícolas, hoy existen noventa. Es un boom increíble. Qué bueno que hay muchas empresas pequeñas que pudieran convertirse en grandes, ¿quién sabe? Y el crecimiento ha sido, no sólo en el Valle de Guadalupe, otros valles como Ojos Negros y San Antonio de las Minas han crecido muchísimo con el entusiasmo de muchos jóvenes mexicanos y extranjeros que llegan a trabajar a los valles.”

Sin embargo ese crecimiento y un horizonte fuera de México plantea algunos retos. “Agua y más gente es lo que tenemos que resolver en el Valle”, explica Tru, “la distribución en México ha funcionado muy bien, pero ahora estamos mirando fuera de México. En el mes de Mayo fui a Europa como parte de un grupo de trabajo de Pro-México de la Secretaría de Economía y le gustaron mucho los vinos que llevamos. Con más agua podemos crecer aún más”. Preocupación compartida por varios productores en la región, la disponibilidad del agua en ciertos valles, el crecimiento urbano de Ensenada y la salud fitosanitaria del agua utilizada en los viñedos ha estado en la agenda de temas por resolver en los últimos años, cómo lo ha señalado el productor Pau Pijoan, alumno y amigo de Hugo D’Acosta, parte de ese grupo de productores que se han convertido en aquella primera generación de la que habla Tru Miller.

La vocación de Adobe Guadalupe no se limita al vino, es posible realizar recorridos a caballo por el valle conociendo los viñedos de los vecinos. “Se ven las vides de otra manera, uno se siente parte del suelo y del cielo. Y a caballo se ven uvas como la Nebbiolo de Cetto, que no se pueden ver en automóvil, nos hemos encontrado a Camilo Magoni por ahí”, Camilo Magoni, otro de los personajes de gran influencia en el Valle, ha sido enólogo de L.A. Cetto por más de cuarenta años.

“Francamente mi esposo tiene la pasión por el vino, pero yo tengo la pasión por los caballos” comenta entre bromas Tru Miller. Por esa razón, la escultura de una cuadra de caballos en la entrada a Adobe Guadalupe, obra de los artistas Juan Carlos y Miguel de la Torre cuyo taller reside en San Antonio de las Minas. “Hace muchísimos años, conocí a Antonio Ariza de Domecq en Sevilla, él estaba hablando de su proyecto de la raza de caballos Azteca”. La raza Azteca es el resultado de la cruza de caballos de raza Andaluz y Cuarto de Milla, explica Tru “los andaluces son preciosos, pero siempre tienen algo, o les duele la rodilla u otras partes. Antonio Ariza estaba pensando en una raza de andaluces mezclados con una raza más resistente como la de Cuarto de Milla. Yo estoy siguiendo su sueño, ahora tenemos delegaciones de ‘Aztecas’ en Italia, Canadá, Holanda, Alemania y Estados Unidos. El caballo es una mezcla, como los vinos… algo muy mexicano y muy bonito” comenta Tru, quién tiene una caballeriza en Adobe Guadalupe con alrededor de 38 caballos y 4 yeguas en un proceso de crianza y venta.

Otra faceta de esta vitivinícola es la posibilidad de disfrutar de los encantos de los valles de vino mexicano en sus ocho habitaciones que hacen la función de un pequeño hotel. “Cuando llegamos al valle, no había hoteles y necesitábamos habitaciones para nuestros amigos. Pero al ver las cuentas de las barricas, corchos y botellas, no teníamos recursos para todo eso y decidimos rentar las habitaciones, que no son de lujo, pero tienes tantas cosas que hacer en el valle: durante el día vas visitando otras bodegas, al final del día disfrutas de los restaurantes con fabulosos chefs en la región, mis amigos Eileen y Phil Gregory tienen su lugar”, el renombrado restaurante Corazón de Tierra a cargo del talentoso chef Diego Hernández, Javier Plascencia tiene su espacio”, el restaurante Finca Altozano, continúa Tru, Miguel Angel tiene La Querencia y Almazara, hay tantos lugares que cuando llegas a tu habitación lo único que deseas es descansar”.

Tru junto con su esposo Don Miller 
iniciaron la aventura de Adobe Guadalupe

La Sra. Miller revela otra característica que llama la atención de su empresa, la generosidad hacia la comunidad de la cual, Adobe Guadalupe se siente parte por completo. “El programa de becas lo iniciamos hace muchos años, hicimos un proyecto con JOse Luis Durand y también tenemos una subasta durante la Cena de Gala que se realiza durante las Fiestas de la Vendimia en dónde alrededor de veinticuatro vinícolas nos ayudan y mandan su vino. Daniel hace una mezcla y lo que se recolecta de la subasta se va a un fondo para proyectos sociales. Las becas por ejemplo, van dirigidas a los chicos en el Valle que desean estudiar biología, enología o agronomía”.

“Renovar el Parque de El Porvenir, ha sido otro sueño para mí y para mis amigos en el Valle. Había sido descuidado el parque por años. Invitamos a los productores a adoptar una parte y aceptaron. Abrimos nuestra sección del parque, durante la fiesta de la verbena este año: ahora tenemos bancas y flores, se ve precioso” comparte Tru con una mirada de orgullo, “para el próximo año esperamos tener recuperado el parque completo. Queremos que durante la cosecha los trabajadores vayan al parque a relajarse antes de ir a casa. Hay muchas cosas que debemos hacer para los trabajadores”.

Los jóvenes son una parte importante de la vinícola, “tenemos un programa de estudiantes que hacen sus prácticas con nosotros. Siempre tenemos cuatro estudiantes, uno de ellos trabaja con los caballos, otro en el campo, uno más en la parte de hotel y finalmente uno en la enología. Me gusta mucho ayudar a la juventud, ellos nos dan mucho a nosotros. Este verano nos apoyó una chica del Distrito Federal de la Universad CESSA, Jimena, estaba yo fascinada con su trabajo”.

Sobre el futuro, Tru Miller nos comparte que habrá una nueva etiqueta llamada Jardín Mágico, una mezcla de Viogner y Sauvignon Blanc sin paso por barrica que se une al portafolio de vinos de la empresa en dónde se incorporan nuevamente los vinos Miguel (Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Grenache y Merlot) y Serafiel (Cabernet Sauvignon y Syrah) que no salieron al mercado por dos años debido a que la fruta no alcanzó la calidad necesaria. “Nuestra producción es de diez mil cajas al año. Por volumen somos la  vinícola número siete en la región, pero no queremos crecer mucho en volumen, para nosotros la calidad es lo importante” añade la Sra. Miller.


Hermosa hacienda escenario de telenovelas y de películas, es un paisaje que junto a los aromas y sabores del vino mexicano y la floreciente gastronomía de la región, evocan sueños a todo aquel que lo visita y sin duda se convierte en fuente de inspiración, más allá de los viñedos, el hotel, los vinos o los caballos. Concluye Tru Miller la charla que se ha extendido por horas, aunque a penas y lo hemos notado: “Cuando veo el paisaje, tengo sentimientos muy bonitos. Para mí es paz. Como empezamos nosotros, fue una historia muy triste, pero de esa tristeza algo muy bonito salió. Ahora mucha  gente sabe que perdí un hijo y mucha gente viene no tanto por el vino o los caballos. Quieren ver que se puede sobrevivir algo muy triste: sentir esperanza y fuerza”.

¡Salud!
Dr. Salsa



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2 Responses
  1. Benjamín B. Says:

    Dr. Salsa:

    Muy intersante, historias que inspiran. ¿Quién no ha pensado en el retiro en un viñedo?.

    Saludos


  2. Hola Benjamín,

    Sin duda, muchos de nosotros que somos apasionados del vino y todo lo que lo rodea, hemos tenido por lo menos alguna vez la fantasía de un viñedo para el retiro.

    Es poco probable que eso suceda, así que mejor disfrutemos de los buenos vinos.

    Saludos


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